Semeraro: De Teresa de Lisieux un mensaje de esperanza para la humanidad

La solemne celebración eucarística presidida en Lisieux por el Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos clausuró el año jubilar proclamado con ocasión del 150 aniversario del nacimiento y del centenario de la beatificación de la santa francesa. En su homilía, el Cardenal subrayó: “Vuestros nombres están escritos en el cielo: esta afirmación de Jesús, que la pequeña Teresa se aplica a sí misma, es la raíz de la alegría y de la confianza cristianas”.

El cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, presidió en el santuario de Lisieux, Francia, la misa con la que concluyó el año jubilar dedicado a Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, 150 años después de su nacimiento y en el centenario de su beatificación. San Pío X la llamó “la más grande santa de los tiempos modernos”. La celebración coincidió con la solemnidad de la Epifanía, en la que el Señor se manifiesta como Salvador de todos los pueblos, y el prefecto comenzó su homilía hablando de los tres Reyes Magos que llegaron a Belén.

Los Magos y la pequeña Teresa

“Los Magos -dijo el cardenal Semeraro- vinieron de los confines de la tierra para adorar al recién nacido Rey de los judíos y, abriendo sus cofres, le ofrecieron sus dones místicos. Los discípulos, por el contrario, serán enviados a las fronteras del mundo para llevar a todos el don de la vida nueva y el anuncio de un Dios cercano”. Así, prosiguió, Santa Teresa “dedicó toda su vida a acercarse cada vez más a Jesús, pero se vio transformada en una misión cada vez más amplia, hasta los confines de la tierra”. Hay, pues, una semejanza entre los Magos y la santa, que Semeraro pone de relieve subrayando la atracción que Santa Teresa siempre había sentido por las estrellas del cielo: de niña, mirando el manto estrellado, le había parecido vislumbrar un grupo de “perlas de oro” en forma de T y había deducido que su nombre estaba escrito en el Cielo.

Teresa de Lisieux de niña
Teresa de Lisieux de niña

El deseo ardiente del bien para todos

En la afirmación de Jesús: “Vuestros nombres están escritos en el Cielo”, que la pequeña Teresa se aplicó a sí misma, comentó el cardenal, “está la raíz de la alegría y la confianza cristianas. Dios, en efecto, nos ha amado tanto que ha escrito el nombre de cada uno de nosotros en el libro de la vida”. La certeza del amor de Dios por ella, y por tanto por cada uno como si fuera único en el mundo, acompaña todo su itinerario espiritual, madurado a lo largo de los años. El cardenal lo explicó citando las palabras del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica dedicada a Santa Teresa: “La transformación que se produjo en ella le permitió pasar de un fervoroso deseo del cielo a un constante y ardiente deseo del bien de todos, culminando en el sueño de continuar en el cielo su misión de amar a Jesús y hacerlo amar”.

Santa Teresa, “mujer de esperanza”

El prefecto subrayó a continuación la “doble sed que devoraba” a la santa y que dominó toda su vida de carmelita: “el deseo de amor que hay en el corazón de Jesús y de salvar almas”. Teresa, continuó, estaba convencida de que Jesús deseaba nuestra ayuda en su obra de salvación. Y aunque con la celebración de esta misa se clausura el jubileo dedicado a santa Teresa, el cardenal Semeraro recuerda que en breve se abrirá otro jubileo, el de la Iglesia universal, cuyo lema será “Peregrinos de la esperanza”. “En este contexto -observó- podemos ciertamente volver a meditar sobre nuestra Teresa, que fue una mujer de esperanza”.

Alegría en el Cielo por un pecador arrepentido

“La aportación más evidente y original de Teresa se refiere a la esperanza, con nuevos horizontes y nuevas perspectivas”, afirmó Semeraro, citando las palabras del teólogo francés padre François-Marie Léthel. Y es también “su mensaje más oportuno en un momento de gran sufrimiento para la Iglesia y para toda la humanidad”. Un mensaje de esperanza para todos, concluyó el cardenal, porque Santa Teresa “no sólo comprendió que su nombre estaba escrito en el cielo, sino también que ‘¡en el cielo habrá más alegría por un pecador que se convierte que por 99 justos que no necesitan convertirse!'”.

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