Santa Sede: respetar la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas

El arzobispo Caccia, observador permanente ante la ONU, se dirige a la Asamblea General en Nueva York: “Estos pueblos tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su patrimonio cultural. La falta de respeto es una forma de violencia”. Preocupación por el turismo no sostenible: “Puede llevar a la mercantilización de la cultura y el territorio”.

Vatican News

“Reafirmar la dignidad y los derechos de todos los pueblos indígenas, junto con el respeto y la protección de sus culturas, lenguas, tradiciones y espiritualidad”. Este es el llamamiento de la Santa Sede a la Asamblea General de la ONU que se está celebrando en Nueva York, expresado por su observador permanente, el arzobispo Gabriele Caccia. Interviniendo en la Tercera Comisión sobre el punto 68 de la Agenda (Derechos de los pueblos indígenas), Monseñor Caccia afirmó: “La intolerancia y la falta de respeto por las culturas populares indígenas es una forma de violencia, basada en una forma de ver fría y sentenciosa, que no puede aceptarse”. A continuación, pidió que se reconozca la experiencia de los pueblos indígenas “en diversos campos, como la protección del medio ambiente y la biodiversidad y la defensa del patrimonio cultural”; ellos, de hecho, “ofrecen un ejemplo de una vida vivida en armonía con el medio ambiente que han llegado a conocer bien y que están comprometidos a preservar”.

Los indígenas, guardianes de la biodiversidad

“Dada su relación privilegiada con la tierra y aprovechando sus conocimientos y prácticas tradicionales, los pueblos indígenas pueden contribuir a la lucha contra el cambio climático aumentando la resiliencia de los ecosistemas”, añadió el prelado. Además, sus tierras contienen “el 80% de la biodiversidad que queda en el mundo”, lo que convierte a los pueblos indígenas en “custodios insustituibles de su conservación, restauración y uso sostenible”.

Los riesgos de trata, trabajos forzados y abusos

Desgraciadamente, subrayó Caccia, “las áreas protegidas se establecen a menudo sin consultar ni obtener el consentimiento de los pueblos indígenas”, que a su vez son “excluidos de la administración y gestión de sus territorios tradicionales y dejados sin una compensación adecuada”. “Esto puede exponerlos al riesgo de sufrir más daños”: tráfico de personas, trabajos forzados y explotación sexual. A todo ello se suman las “actividades extractivas ilegales” que, subrayó el observador permanente, “socavan aún más el medio ambiente, expresión fundamental de la identidad indígena”. “En este sentido, los derechos de los pueblos indígenas, incluido el derecho al consentimiento libre, preventivo e informado, deben ser respetados en todos los esfuerzos”, añadió.

Mantener, controlar y proteger el patrimonio cultural

Para monseñor Caccia, “el patrimonio cultural de los pueblos indígenas consiste en conocimientos, experiencias, prácticas, objetos y lugares culturalmente significativos”. Por ello, “proteger y preservar estos componentes es esencial para alcanzar los fines de la cultura, a saber, el desarrollo integral de la persona y el bien de la sociedad en su conjunto”. De ahí el llamamiento -en consonancia con la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos Indígenas- para que estos pueblos “mantengan, controlen, protejan y desarrollen su patrimonio cultural”. Esencial, en este sentido, es la “apertura al diálogo” para “promover una cultura del encuentro frente a un ‘indigenismo’ completamente cerrado, a-histórico y estático que rechaza cualquier tipo de fusión”.

El riesgo de un turismo no sostenible

Concluyendo su discurso, el arzobispo Caccia expresó la preocupación de la Santa Sede por las actividades turísticas no sostenibles: éstas, advirtió, “pueden conducir, entre otras cosas, a la mercantilización, pérdida y uso indebido de la cultura indígena, así como a la expropiación de sus tierras y recursos”. ‘La sostenibilidad del turismo, de hecho, se mide por su impacto en los ecosistemas naturales y sociales’, añadió. ‘Lo que hace falta es una sensibilidad que amplíe concretamente la protección de los ecosistemas, para garantizar el paso armonioso de los turistas por entornos que no les pertenecen’. El riesgo es que el extraordinario patrimonio de muchos pueblos indígenas acabe “viéndose comprometido por los intentos de imponer un estilo de vida homogéneo y estandarizado, incluso por parte de la industria turística”, que “a veces pasa por alto las diferencias culturales y avanza una nueva forma de colonización encubierta bajo la perspectiva del desarrollo”.

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