La Vida Consagrada argentina, en camino hacia el Jubileo 2025

Los participantes de un encuentro en Roma realizado con ese objetivo sintetizaron: “Nos acompañaron los verbos creer, crecer y caminar, que nos impulsaron a renovarnos como testigos de esperanza”.

Marta Finochietto (Orden de las Vírgenes Consagradas), María Cecilia Comuzzi (Conferencia de Institutos Seculares de la Argentina – CISA), Inés Greslebin ACI (Conferencia Argentina de Religiosos y Religiosas – Confar) y Ezequiel Takaya CMF (Confar) contaron lo vivido del 1° al 4 de febrero en Roma, durante su participación del encuentro para preparar el Jubileo 2025, que tiene por lema “Peregrinos de Esperanza por el camino de la paz”.

“Nos acompañó en todo momento una dinámica sinodal, de escucha profunda y de comunión, que nos ayudó a reconocernos, a apreciar la belleza y el don de cada estilo de vocación y a crecer en nuestros vínculos”, coincidieron en destacar.

“A medida que avanzaba la propuesta, experimentamos el gusto por construir la sinodalidad y nos sentimos depositarios especiales de este encargo en la Iglesia. Sin duda, fue una experiencia de comunión universal con una sensibilidad especial hacia las necesidades de justicia y paz en las distintas realidades”, definieron.

Participaron del encuentro en Roma 300 delegados de 62 nacionalidades. Estuvieron presentes países en que los que el cristianismo es una minoría, como Albania, Irak, Tailandia, Tunes, Zimbawe, Zambia y Japón, entre otros; países en los que faltan condiciones de libertad y respeto a los derechos humanos, como Nicaragua, Venezuela y Cuba; países en guerra, como Ucrania; países que viven conflictos de violencia interna por el crimen organizado, como México y Ecuador.

Quienes formaban parte de la delegación argentina dijeron “sentirse desafiados a ser artesanos de paz, dispuestos a iniciar procesos de sanación y reconciliación con ingenio y audacia, explorando caminos que conduzcan a la cicatrización de las heridas sociales”.

Asimismo, puntualizaron: “A lo largo de los cuatro días del encuentro, nos acompañaron los verbos creer, crecer y caminar, los cuales nos impulsaron a renovarnos como testigos de esperanza”.

“Creer en la esperanza. El testimonio que nos hemos ofrecido mutuamente, la búsqueda compartida, las reflexiones que maduramos juntos, alimentaron nuestra esperanza”, agregaron.

El Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (Divcava) apuntó –precisaron- a “reunirnos y conectar gratuitamente y sin restricciones, y desde esta comunión vimos cómo se rompía la experiencia de reducción/disminución y cómo se ampliaban los márgenes de nuestra fraternidad y de nuestra misión”.

“La esperanza permite pasar de la frustración por la reducción a la amplitud. La esperanza trae libertad, y la libertad nos hace creativos. Hay un mañana posible. Crecer en el amor. No sentimos interpelados a la escucha activa para abrazar el profetismo de la bondad y del amor, y así luchar unidos donde la vida clama. Vincularnos para sumar vida entregada, no eficiencia, y así expresar juntos la belleza del seguimiento de Jesús, donde la diversidad fortalece la especificidad de cada uno”, profundizaron.

También valoraron “la inclusión de las diversas formas de vida consagrada en la convocatoria del Dicasterio, lo cual nos ayudó a avanzar hacia una mayor sinodalidad, nota esencial de la Iglesia. Caminar con la fuerza de la fe. La conversión sinodal nos lleva a ‘conciliar’ nuevos espacios de fe y comunión entre carismas que se complementan en su diversidad. Es la hora de estrechar vínculos, de dejar sonar una sinfonía carismática, de celebrar el encuentro fraterno que fortalece nuestro andar”.

La representación argentina recordó que el lema del jubileo “Peregrinos de esperanza por el camino de la paz” responde al llamado del Papa Francisco para “crear, a través de este camino jubilar, un ambiente de esperanza y confianza como señal del renacimiento que la humanidad entera anhela”.

“Volvimos a nuestros países dispuestos a recomenzar, a acoger responsablemente los desafíos que la realidad nos presenta, con la misión de despertar la esperanza. Mama Antula reaviva en nosotros el llamado a ser peregrinos de esperanza, es decir, a caminar con la fuerza de la fe. Dando, a cada paso, testimonio de la alegría del Evangelio. Enviados para animar y sostener el camino jubilar en nuestro país, regresamos con el mandato de invitar a otros a ser signos de reconciliación con Dios, haciendo que nuestras vidas sean anuncio de paz. Nos despedimos con el deseo de ser compañeros de camino y llegar juntos a la celebración del Jubileo de la Vida Consagrada 2025”, concluyeron.

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