Francisco concluyó su viaje apostólico a Mongolia

El Papa y la comitiva papal partieron del Aeropuerto Internacional Chinggis Khan de Ulán Bator, y llegaron a Roma, después de tres días muy intensos en el país asiático.

El Papa Francisco partió este lunes 4 de septiembre de Ulán Bator a bordo del avión papal con destino a Roma, al finalizar su viaje apostólico a Mongolia. El aeronave aterrizó en el aeropuerto Fiumicino de Roma alrededor de las 17 (hora local).

La ceremonia de despedida se desarrolló en una sala interna del aeropuerto en presencia del mismo representante del gobierno que recibió al Pontífice a su llegada, el ministro de Asuntos Exteriores, Batmunkh Battsetseg.

Después de una breve conversación, el Papa se despidió del séquito local y de la delegación mongola y fue el último en subir al avión A330 de ITA Airways.

El viaje a Roma duró 11 horas y 20 minutos, después de recorrer 8.230 kilómetros. Al llegar al aeropuerto internacional de Fiumicino, Francisco se dirigió directamente al Vaticano.

En su último día en Monoglia, el pontífice celebró la misa en privado en la prefectura apostólica y expresó su gratitud al personal y al cardenal Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator, que acompañó al Santo Padre durante su visita.

Como muestra de agradecimiento, el Papa regaló al cardenal Marengo un cáliz de oro y como muestra de su solicitud paternal, el Santo Padre regaló a la prefectura apostólica una estatua de San José.

La Oficina de Prensa de la Santa Sede explicó en un comunicado que la escultura representa al san José como el guardián silencioso de nuestro Señor.

“San José sostiene con su mano izquierda al diminuto Salvator Mundi en el acto de bendecir, mientras que con su mano derecha sostiene el bastón que, según los apócrifos, floreció milagrosamente de lirios en la época en que los sacerdotes del Templo de Jerusalén debían escoger al marido de María entre los descendientes solteros de la tribu de Judá”, se lee en el comunicado.

 

Expresión de la misericordia de Dios
El último acto de su visita a Mongolia fue una parada en la “Casa de la Misericordia”, una clínica para los pobres administrada por la Iglesia y refugio para víctimas de violencia doméstica y personas sin hogar.

El Obispo de Roma inauguró y bendijo la obra caritativa y expresó su gratitud a la Iglesia en Mongolia por mostrar tanto cuidado y preocupación por las personas que enfrentan dificultades económicas y marginación.

“El generoso servicio a nuestros hermanos”, dijo, “distinguió a esta vibrante porción del pueblo de Dios desde sus inicios”.

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