Evangelio según Marcos 8:11-13

Antes de ser humillado, me descarriaba, mas ahora observo tu promesa.
Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.
Un bien para mí ser humillado, para que aprenda tus preceptos.
Un bien para mí la ley de tu boca, más que miles de oro y plata.
Yo sé, Yahveh, que son justos tus juicios, que con lealtad me humillas tú.
Sea tu amor consuelo para mí, según tu promesa a tu servidor.

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