El Papa invita a redescubrir en el pesebre la verdadera riqueza de la Navidad

El papa Francisco recibió este sábado 3 de diciembre en el Aula Pablo VI a las delegaciones de Sutrio, Roselló y de Guatemala que ofrecieron el árbol y los dos pesebres para esta Navidad. Esta tarde serán inaugurados en la Plaza de San Pedro el pesebre y se encenderán las luces del árbol navideño, mientras que otro pesebre, proveniente de Guatemala, está expuesto en el Aula Pablo VI.

“Para encontrar a Jesús hay que llegar a él donde está, por eso hay que abajarse, hacerse pequeño para entrar en ese establo donde nació el Hijo de Dios”, es la invitación que el Papa dirigió a las delegaciones presentes en el Aula Pablo VI.

Tras agradecer los regalos de Navidad -con un pensamiento especial dirigido a los artesanos de la madera, a los niños de Roselló y a los que cultivaron el abeto en el vivero de Palena-, el pontífice se refirió al árbol y al pesebre como “dos signos que siguen fascinando a grandes y pequeños”. En particular, quiso subrayar que, al igual que los árboles, los hombres también necesitan raíces.

Sólo quien está enraizado en buena tierra se mantiene firme, crece, “maduro”, resiste los vientos que lo sacuden y se convierte en punto de referencia para quien lo mira. Pero, queridos míos, sin raíces nada de esto sucede: sin cimientos sólidos uno permanece tambaleante. Es importante cuidar las raíces, tanto en la vida como en la fe. A este respecto, el apóstol Pablo recuerda el fundamento en el que arraigar la propia vida para mantenerse firme: dice permanecer “arraigados en Jesucristo”. Esto es lo que nos recuerda el árbol de Navidad. Arraigados en Jesucristo.

El pesebre, verdadero tesoro de la Navidad
Francisco luego habló del pesebre, que nos recuerda cómo Dios se hizo hombre para estar cerca de cada uno. Gracias al pesebre es posible entonces redescubrir la esencia de la Santa Navidad.

En su genuina pobreza, el pesebre nos ayuda a redescubrir la verdadera riqueza de la Navidad ya purificarnos de los muchos aspectos que contaminan el paisaje navideño. Sencillo y familiar, el pesebre recuerda una Navidad diferente a la consumista y comercial: es otra cosa; acuérdense del bien que nos hace apreciar los momentos de silencio y de oración en nuestros días, a menudo abrumados por el frenesí. El silencio favorece la contemplación del Niño Jesús, ayuda a intimar con Dios, con la frágil sencillez de un pequeño recién nacido, con la mansedumbre de estar acostado, con el tierno cariño de los pañales que lo envuelven.

Luego viene la invitación del Papa a hacerse pequeños para ir realmente hacia Jesús, para descubrirlo allí donde nació. Emanuel, Dios con nosotros.

Si de verdad queremos celebrar la Navidad, redescubramos la sorpresa y el asombro de la pequeñez a través del pesebre, la pequeñez de Dios, que se hace pequeño, no nace en el esplendor de las apariencias, sino en la pobreza de un establo. Para encontrarlo hay que llegar a él allí, donde está; es necesario abajarse, hacerse pequeño, dejar toda vanidad, donde Él está. Y la oración es la mejor manera de decir gracias ante este don gratuito de amor, de decir gracias a Jesús que quiere entrar en nuestras casas, que quiere entrar en nuestro corazón.

Hoy la inauguración de árbol y pesebre
El árbol de Navidad se erigió el 17 de noviembre en la Plaza de San Pedro y será inaugurado esta tarde, junto con el pesebre. Un abeto blanco de unos 26 metros, que vino de Abruzzo, del pequeño pueblo de montaña de Rosello, en la provincia de Chieti.

El árbol, según informaron las autoridades regionales de Abruzzo, proviene de actividades de cultivo, no de áreas naturales, y para el corte se eligió un abeto que representaba un peligro por su proximidad a algunos edificios. Las decoraciones son realizadas por los alumnos de algunas escuelas de Abruzzo, por los abuelos de la casa de reposo Sant’Antonio di Borrello y por los huéspedes del centro de rehabilitación psiquiátrica Quadrifoglio.

El pesebre, íntegramente en madera, procede de Sutrio, en la provincia de Udine, uno de los pueblos más característicos de Carnia, en Friuli Venezia-Giulia.

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