El esperanto, una lengua universal contra los conflictos

El reciente congreso mundial de Turín, con más de un millar de expertos y apasionados, puso de relieve el papel del idioma artificial creado hace 150 años, capaz de desafiar las guerras mundiales actuando como anillo de paz y de comprensión más allá de las divisiones culturales e ideológicas. El papel de los esperantistas católicos.

Una lengua de paz, de igualdad entre los pueblos y de fraternidad, capaz de reunir a hablantes de todo el mundo. Esta es la “vocación” del esperanto, el idioma artificial desarrollado por el lingüista polaco Ludwik Lejzer Zamenhof en la segunda mitad del siglo XIX, que se calcula que cuenta con seguidores en al menos 120 países de todo el mundo, principalmente en Europa, Brasil y China. Numerosos aficionados se reunieron estos días en Turín con motivo de la 108ª edición del Congreso Mundial de Esperanto, organizado por la Asociación Mundial de Esperanto (UEA) en colaboración con la Federación Italiana de Esperanto (FEI). Un acontecimiento repleto de conferencias científicas, técnicas y literarias que atrajo a la ciudad piamontesa a unos 1.300 esperantistas de 69 naciones.

Una lengua universal

Gracias a las asociaciones de esperantistas, y últimamente también a Internet -donde el número de grupos de aficionados crece día a día-, el número de hablantes de esperanto no deja de aumentar. En efecto, en la era de la comunicación digital, la regularidad, la sencillez y la alta productividad del esperanto permiten a quienes se acercan a él alcanzar un nivel satisfactorio de competencia lingüística en menos tiempo que en cualquier otra lengua étnica. Teniendo esto en cuenta, el reciente congreso mundial celebrado en Piamonte fue el acontecimiento central del año para estudiosos y aficionados, que durante los siete días que duró el evento pudieron reflexionar juntos sobre un tema de gran actualidad, “Inmigración y confluencia de valores humanos, la experiencia inclusiva de Turín”. Inclusiva como la práctica del esperanto, que lleva en su ADN el deseo de establecer un diálogo entre poblaciones diferentes, tratando de superar hostilidades y conflictos -alimentados, según su creador, también por malentendidos lingüísticos- mediante el uso de un idioma universal, perteneciente a la humanidad y no a un solo pueblo.

Una comunicación opuesta

Desde sus inicios, el esperanto se ha enfrentado a guerras y conflictos que han puesto a dura prueba a sus estudiosos, culturalmente proclives al diálogo pero víctimas de discriminaciones y persecuciones, especialmente por su capacidad para recibir información fuera de los canales oficiales de los regímenes. Los cambios sociales derivados de los conflictos del siglo pasado han modificado la realidad lingüística mundial, relegando paulatinamente al olvido los idiomas nacionales de los países más pequeños y con menos recursos. Esto ha obligado inevitablemente a los habitantes de estos estados a utilizar las lenguas de los países dominantes, una práctica muy criticada por los esperantistas. Para estos estudiosos, el esperanto representa un idioma supranacional y neutral que permite a las personas interactuar en igualdad de condiciones sin discriminación, más bien protegiendo los idiomas considerados “menores”, condenados de otro modo a la extinción por las lenguas de las naciones más fuertes. Un ejemplo de la filosofía esperantista puede resumirse en la bandera esperanto, la verda stelo: formada por un fondo verde, en la esquina superior izquierda tiene un recuadro blanco en el que se encuentra una estrella verde de cinco puntas, que representa los cinco continentes habitados. El color verde también indica la esperanza en un futuro mejor, mientras que el blanco representa la neutralidad y la paz.

El papel de los esperantistas católicos

Sin dejar de ser un idioma abierto a todos y respetuoso con todos los credos, el esperanto siempre ha mantenido un arraigado vínculo con el catolicismo. Esta relación comenzó a principios del siglo XX y se consolidó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando en 1950, durante una audiencia general en la Basílica de San Pedro, Pío XII saludó en su lengua a los esperantistas que habían acudido a su encuentro. En 1966 -después de que Pablo VI reconociera en 1964 la importancia del movimiento esperantista católico y la utilidad de esta lengua internacional- el esperanto fue admitido oficialmente como una de las lenguas en las que es posible celebrar misa y rezar, y desde entonces, con ocasión de la bendición Urbi et Orbi del Domingo de Pascua, el Papa también ofrece saludos en la lengua de Zamenhof.

Durante los días del evento en Turín, la Unión Católica Internacional de Esperantistas (Ikue), dirigida por su presidenta Marija Belošević, ofreció un programa enteramente dedicado a los esperantistas católicos, que comenzó con un encuentro ecuménico de oración y continuó con la misa diaria en esperanto. Se dedicó un día entero al tema “Los esperantistas peregrinan a los lugares de Don Bosco”, en el que los participantes pudieron conocer la vida del fundador de los Salesianos y sus actividades. Ikue también presentó en el Congreso dos nuevos volúmenes traducidos a la lengua artificial. El primero, profundamente relacionado con el tema del encuentro, fue el libro del Papa Francisco ‘Yo soy yo, no tengan miedo – palabras sobre los refugiados y los migrantes’, publicado por Libreria Editrice Vaticana 2018. El segundo, escrito por Fernando Millán Romeral – Prior General de la Orden Carmelita de 2007 a 2019 – presenta en cambio la figura de San Tito Brandsma, sacerdote, patrono de los esperantistas católicos, muerto en Dachau y proclamado santo en 2022 por el Papa Francisco.

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