Card. Rossi: ‘La Eucaristía debe ser también escuela de amor al prójimo’

“La misma fe que reconoce a Jesús en el sacramento del amor debe descubrirlo, contemplarlo y servirlo en los más necesitados”, planteó el arzobispo de Córdoba en la solemnidad de Corpus Christi.

El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ, presidió en la catedral la misa en la solemnidad de Corpus Christi el sábado 1º de junio. Allí, se refirió a un doble encuentro: con Jesús Eucaristía y con los hermanos.

“El Señor prepara la Eucaristía con los que se animan a ser hombres y mujeres cántaro, los que se dejan llenar el corazón con el agua viva del Espíritu, se dejan conducir por él”, planteó, y añadió: “El Señor prepara la Eucaristía para su pueblo con los que se animan a abrir su corazón a los demás, con los que tienen un corazón como una sala grande en la que todos son invitados a compartir el pan”.

Haciendo alusión a las lecturas evangélicas, sugirió que “hoy a nosotros se nos pide que nos hagamos como aquellos hombres y mujeres cántaro que señalan caminos, que crean vínculos porque tienen el corazón lleno del agua viva del Espíritu y muestran el sentido de la vida con gestos más que con palabras; hombres y mujeres que crean encuentro con sus gestos de proximidad y de acogida a todos”.

“La presencia del Señor en la Eucaristía, si realmente lo vivimos cristianamente, nos tiene que llevar esa otra presencia, la presencia real de Cristo en nuestros hermanos, especialmente en los pobres y en los que más sufren”, sostuvo.

“El Señor está allí en la Eucaristía para encontrarse con nosotros, para ofrecernos un abrazo de amistad que calme nuestras angustias y alivie nuestros cansancios, está allí para escuchar aquello que con nadie podemos conversar, está allí para decirnos lo que más necesitamos escuchar, está allí para alimentarnos en el camino y derramar su Espíritu de vida en nuestros corazones -describió- porque él quiere sanar nuestra debilidad, impulsarnos a la lucha por la verdad y la justicia”.

Señaló, además, que “la Eucaristía debe ser también escuela de amor al prójimo. La misma fe que reconoce a Jesús en el sacramento del amor debe descubrirlo, contemplarlo y servirlo en los más necesitados”.

“La Eucaristía es alimento de hambreados, es alimento de los débiles que necesitan ser fortalecidos, de heridos que necesitan ser curados, de hijos que necesitan sentir la paternidad de Dios. Es alimento de quienes han perdido el camino y necesitan ser rescatados”, consideró, y alentó a “que podamos vivir así”.

Por último, animó a “replantearnos nuestras propias eucaristías, a veces tan rutinarias, tan frías, tan por obligación, a veces tan entre bostezos, incluso a veces tan fácilmente negociada por unas horitas más de sueño o algún partidito de fútbol” y pidió “que Dios nos acreciente el hambre de Eucaristía, que nos haga valorar lo que tenemos”.

“Pidámosle a la Virgen que ruegue por nosotros, para que hagamos lo que Jesús nos diga, para que llenemos hasta el borde nuestros cántaros. Pidámosle a María, a ella que puso a disposición del Espíritu la sala grande de su corazón para que el verbo se hiciera carne y habitara entre nosotros, para que se ensanche nuestro corazón y se vuelva un poquito más parecido al de ella”, concluyó.+

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